A. HADJICHRISTOS *, V. SAVINI ZANGRANDI **-***, F. SALLUZZO ** * Telemedicine Services LTD (UK), ** SIPsi-Società Italiana di Psichiatria e Psicologia (IT), *** CIPsi Clodio-Roma (IT) Introducción El actual periodo de cuarentena ha modificado profundamente algunos axiomas psicológicos y sociológicos, de manera forzada, trastocando hábitos conductuales arraigados, sobre todo en los jóvenes. La sociedad moderna (siglo XXI) ha incentivado un estilo de vida frenético y dinámico, dejando poco espacio para la introspección y la reflexión interior. La actual cuarentena obligatoria, dada por la necesidad de proteger a parte de la población del Virus “Covid-19”, ha obligado a las personas a situaciones a las que antes estaban poco acostumbradas, como, por ejemplo, la soledad prolongada, la ausencia y/o reducción del contacto social directo y físico y limitaciones a la libertad de movimiento. Además, un estilo arrogante y agresivo de comunicaciones confusas tanto por parte del Estado como de quienes están encargados de proteger la salud psico-física de las personas, así como la presencia de noticias contradictorias, ha permitido el surgimiento de angustias y preocupaciones, sobre todo en los más jóvenes, especialmente en aquellos entre 10 y 15 años de edad. Es evidente que, condicionando a los jóvenes en casa, impidiéndoles salir, no previendo amortiguadores socio-psicológicos, limitando la escuela a una forma virtual, interrumpiendo las actividades físico-gimnásticas, prohibiendo los contactos sociales con sus pares, después de un periodo inicial de resiliencia (fisiológico en los jóvenes), se están desarrollando y se producirán una serie inequívoca de malestares (si no trastornos) del ámbito psico-emocional. Dichos malestares (y/o trastornos) alienarán los mecanismos de maduración de los jóvenes, alterando lo que habría sido su perfil espontáneo y natural. Esta fuerte afirmación parte de la convicción de que, al menos en Italia, la consideración en términos de atención preventiva hacia las futuras generaciones adultas ha sido (en estos primeros 2 meses) prácticamente nula en estos términos psicológicos. Se duda fuertemente de una capacidad protectora en las decisiones sociales futuras precisamente hacia la nueva generación. De ahí la necesidad de iniciar proyectos de amplia difusión escolar de prevención secundaria (es decir, constatada la presencia de una noxa-patógena psíquica evidente, y ausente una prevención primaria) y apuntar siempre en movimiento y necesitados de socialidad física y compartición directa. Los eventos impactantes de este periodo han llevado a convivir con un estado de ánimo como el aburrimiento, que si por un lado representa una condición que a menudo los chicos encuentran y tienden a evitar (ahora probablemente en mayor medida respecto al pasado) llenando cada espacio vacío con el uso de la tecnología digital, por otro lado se puede intentar estimular la curiosidad, la fantasía y redescubrir otras formas de pasar el tiempo. La imposibilidad de asistir al entorno escolar, además, ha privado a los chicos de esa rutina y fuente de aprendizaje activo y social que caracteriza su cotidianidad. La pregunta a la que responder no es solo qué sucederá al final de este periodo y qué quedará a nivel conductual. Hay que empezar a proponer nuevas soluciones técnicas para realizar la prevención secundaria mencionada anteriormente. En esta dimensión nuestra idea es confiar en técnicas grupales bien conocidas y utilizadas, y adaptarlas en contextos de “no expresión” de contenidos puramente psicopatológicos (graves o no), y, por tanto, en ese espacio virtual entre consciente e inconsciente, entre lo no verbalizado y solo parcialmente expresado emocionalmente, que es la cotidianidad relacional de los jóvenes. Partiendo, entonces, de la técnica del psicodrama analítico como modalidad de intervención hacia chicos de 10 a 14 años dentro del entorno escolar, se ha pensado y estructurado una intervención técnica con el fin de permitir a los jóvenes explorar su propio mundo interior y liberar contenidos emocionales significativos, a través del recurso del grupo. En este momento particularmente cargado de emociones de todo tipo, poco expresadas y manifestadas, podría ser importante para los estudiantes tener la posibilidad de dar un nuevo sentido y valor a las vivencias experimentadas. El psicodrama analítico en el entorno escolar. La adolescencia representa un momento con características complejas y articuladas de fluidez y contradicción del funcionamiento psíquico, en el que están en juego diferentes registros mentales, desde la reviviscencia de las pulsiones y temáticas edípicas, al enfrentamiento del adolescente con su propio cuerpo, desde la construcción de la identidad, al segundo proceso de separación-individuación, desde los conflictos ligados al conocimiento, al aumento de las necesidades de seguridad, pero también de distanciamiento respecto a las figuras parentales (Ammaniti, 2002). En el periodo adolescente el grupo asume un significado muy importante constituyendo el espacio dentro del cual los chicos pueden experimentar su propia autonomía de la familia de origen, empezar a construir su propia identidad y tener una oportunidad de reflejo y de confrontación. El psicodrama analítico nace de la unión del psicodrama expresivo de Moreno y el pensamiento psicoanalítico de Jung y se realiza a través de la puesta en escena en contextos grupales de contenidos emocionales privados, tanto reales como fantaseados que son importantes para el sujeto que se pone en juego, permitiendo activar un cambio en la percepción de sí mismo y del mundo. La inserción de esta técnica dentro del marco escolar puede ser un recurso con un gran valor educativo, permitiendo abordar diferentes temáticas, de manera activa y atractiva para los jóvenes. Se pueden realizar, de hecho, intervenciones de varios tipos, como por ejemplo la de ofrecer la posibilidad a los chicos de ver la escuela como un espacio en el que poder realizarse, más allá de la rígida pertenencia al género masculino o femenino, ya que estereotipos similares pueden inhibir a los estudiantes y circunscribir las posibilidades de acción y de elección profesional. A través de la dramatización, es posible, además, resolver conflictos relacionales en las clases, hablar de afectividad y sexualidad, incentivar la colaboración entre pares o actuar en la prevención del malestar. Moreno define el psicodrama como “una ciencia que explora la verdad y la representa a través de metodologías dramatúrgicas”, las cuales consisten en la acción, en poner en duda y en la puesta en escena.

